La Violencia machista nos mata

A las mujeres nos están matando. Las víctimas mortales en España a causa de la violencia de género en lo que va de año hasta octubre de 2019  ascienden a 51. El número de víctimas de violencia de género que fueron inscritas en el Registro Central del Ministerio de Justicia en el año 2018 fue de 31.286 personas. 

 

Como reacción a la gravedad de los hechos, a lo que está ocurriendo y a la violencia hacia las mujeres, el grupo de fotografía Mujeres que Miran (mis alumnas) y yo decidimos reaccionar mostrando nuestros sentimientos a respecto mediante la fotografía. Así surgió nuestra primera exposición colectiva sobre la violencia de género. Se trata de una visión muy personal de cada una de ellas. Aunque algunas de las fotografías en sí no sean técnicamente perfectas ya que no son profesionales, tienen un potente contenido emocional. De momento no hay muchas fotografías pero mis alumnas y yo estaremos trabajando por aumentar las obras de nuestra exposición. No voy a publicar las fotografías del resto de grupo. Solo las mías. Aquí os dejo mi parte de aportación personal. Participo en esta exposición con 6 obras.

Rompe el Silencio

Si en la escalera huele a miedo y parece que se cuece dolor a presión, no dilates el silencio. Rompe el silencio y el cerrojo, abre puerta y ventanas entumecidas por el miedo. Porque cuando la luz se apaga, la sentencia de muerte se agrava. Y aunque llegue la mañana, la luz no llega al alma. La vista se nubla y no verá la salida ni la ventana. Quizá alguna vecina necesite una receta para cocer rebelión o una comadrona para ayudarla a parir libertad sin condición.

Hay salida

A pesar de la oscuridad del interior, fuera reina la luz y la libertad. Sal del oscuro reinado de tu jaula dorada decorada de aromas de rosas y dulces especias de hogar. Hogar, agrio hogar que te hunde y enraíza en un mortal silencio como un animal agonizante que sucumbe a su fatídico destino expectante.

Homofobia/Transfobia

Si, antes era él y ahora soy ella. O quizá, antes ya era ella y ahora soy él. Pero eso no te da derecho a sofocar mi aliento, a tirar piedras en el cristal de mi libertad ni hacer añicos mi rostro en una madrugada. Sé que te enciende, te enoja y que a la vez, te fascina la transparencia no recatada de mi colorida y exuberante identidad cuando clavas tu mustia mirada en el abismo de mis alas porque me permiten volar hacia tierras seguras donde tu no estás y donde la pasión comulga con la gestación de la libertad.

Pesadilla recurrente

Cuando cualquier sonido anónimo roza la oscuridad de la noche y aniquila la confianza en el sueño, surge entonces el terror al temido presagio en forma de pesadilla recurrente. Y así, una y otra noche… ¿Y si vuelve?

No soy tu regalo de boda

No soy tu esclava, la que limpia, cocina y lava. Con el matrimonio, de esto no iba incluido nada. En este contrato yo no constaba como esclava. No soy tu bonito regalo de boda bien empaquetado aunque tu con esa idea te hayas casado. Aunque te joda, yo si sé arreglármelas sola. Despierta de tus delirios de grandeza, de poseedor de contrato barato escrito en latín con letanías empedradas que te otorgan el poder de decir «aquí yo gobierno y mando mientras, tu ya vas fregando, obedeciendo y limpiando».

Resurrección

Corta las cadenas de la beata hipocresía manchadas de oxidadas trampas y mentiras nutridas por la divina moral que pretende disolver tu ya incorpórea vida.

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